Ante las hipocresías de siempre

Hoy es el día marcado internacionalmente como día de lucha contra la trata de seres humanos con fines de explotación sexual. Desde el grupo anarcofeminista Moiras queremos insistir en el hecho de que la explotación sexual es inherente a la prostitución misma. La prostitución en tanto que deshumaniza la relación sexual y explota el cuerpo del prostituido como objeto de placer egoísta de quien lo compra, ya es la explotación sexual.

Por otro lado, recordar que los límites entre lo forzado y lo voluntario son indiscernibles dentro de la prostitución, ya que no son deseos de realización personal y profesional lo que hay tras ella, sino presiones de todo tipo, violencias y pobreza, que se ceba en las personas más vulnerables y discriminadas del mercado laboral, en su mayoría mujeres. Por ello y debido a que los prostituidores demandan un mercado ilimitado de niñas y mujeres, y la realización de prácticas cada vez más brutales, la trata es fenómeno inseparable de la prostitución.

Nos negamos a aceptar las hipocresías que en este día son recurrentes por parte de
instituciones, medios de comunicación y agentes sociales. No se puede luchar contra la trata sin luchar contra la prostitución, blanqueando la violencia prostitucional como “trabajo sexual” e invitando a representaciones tapaderas de las redes del proxenetismo, como si fueran la voz de todas las prostituidas, mientras se invisibiliza la lucha de las supervivientes y la existencia del abolicionismo en general. En el ámbito libertario, volvemos a decir que se está produciendo un ataque revisionista de la memoria histórica, que viene a negar el carácter abolicionista del anarquismo hasta este siglo, inventando “corrientes” procomercio sexual que no existieron, para legitimar un cambio de valores en el presente de acuerdo al ideario neoliberal que se nos quiere imponer.

Nos parece que la educación abolicionista es esencial para combatir esta lacra social, pues es la demanda de los prostituidores la que la sostiene, y que la sociedad tiene derecho a pedir responsabilidad a los poderes de reproducción cultural como son los medios de comunicación. Nos parece escandaloso el tratamiento dado al caso de Malasaña, un chaval abusado por sus prostituidores, marcado a punta de navaja con un insulto homófobo, y sometido a linchamiento mediático y en redes sociales por el hecho de haber denunciado que tal acto fue cometido por un grupo de enchapuchados. Como si dejara de ser una agresión homófoba porque la han hecho prostituidores, o si por ser más o menos aceptado o voluntario por parte de la víctima, el abuso sexual y la agresión por razón de orientación sexual, dejaran de serlo. ¿Vamos a considerar ahora
que todo lo consentido por una víctima disculpa a sus maltratadores?, ¿por qué este doble rasero a la hora de considerar a las víctimas de la prostitución? Nos parece incomprensible que las mujeres que están muriendo víctimas de la relación prostitucional, no se reconozcan como víctimas de la violencia de género.

Aprovechamos para decir asimismo que no nos importa el repudio y el boicot que se nos pueda hacer, porque vamos a seguir denunciando esta doble moral cueste lo que cueste. Quienes reaccionan, tan solo se delatan a sí mismos como cómplices de esta tradición cultural nociva y patriarcal, y que somos conscientes, descansa en la moral de privilegio sexual masculino que está en la base de todas las jerarquías habidas y por haber.

A los compañeros que nos quedan. A toda la sensibilidad libertaria.
¡Abolición o barbarie!
Moiras