LA MADEJA IX

Hemos terminado hoy el número nueve de nuestra revista, la Madeja, que aquí dejamos para difundir al máximo. Está dedicado al tema de la necesidad de un anarcotransfeminismo, y al análisis de las divergencias que dentro del movimiento feminista pueden dificultar en la práctica una unión más sólida entre mujeres cis y trans.

De nuevo, entendemos que es urgente tratar las cuestiones problemáticas, no pasar de largo de ellas. Defendemos una perspectiva de respeto de la lucha específica de cada colectivo, al mismo tiempo que de integración en la lucha general contra todas las jerarquías, el anarquismo. De antemano sabemos cómo de polarizada está la opinión en ciertos temas, por eso recomendamos: léase antes de juzgar. Para leer, solo hay que pinchar el enlace al lado de la imagen de la portada.

Un abrazo libertario

Grupo Moiras

Grupo Moiras: «La prostitución no puede ser un trabajo: es dejar que otros usen tu cuerpo»

El grupo de afinidad anarcofeminista analizó en la Unión Anarcosindicalista de A Coruña  la mercantilización del cuerpo de las mujeres y las posturas históricas de CNT y Mujeres Libres sobre el sistema prostitucional

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8M ANARCOFEMINISTA. CON LAS MUJERES TRANS Y CONTRA LA PROSTITUCIÓN

Este año ha marcado un hito en la historia de este día, que es conmemoración, celebración y jornada de lucha,- tres aspectos estos que siempre se supieron conjugar-.  Y es que por primera vez en la capital del estado español, donde tienen lugar los actos centrales y las convocatorias masivas, ha habido dos marchas con lemas y recorridos distintos, algo que también se replicó en otras ciudades del país.

Nos gustaría poder hablar de una marcha propia de las anarcofeministas, que se distinguiera de la principal, o institucionalizada. Pero no. Lamentablemente lo que estamos viendo es una división dentro del feminismo institucionalizado, el que prolifera en las universidades, los think tank de los partidos, los ministerios, las ongs y las plataformas sociales vinculados a ellos, que está deteriorando al movimiento feminista en su conjunto.  Precisamente ahora que después de dos años de pandemia, la profundización de la crisis económica y social recae sobre las mujeres con especial dureza dada la brecha de género, nos encontramos con este escenario de conflicto artificioso, entre dos opciones. Ninguna de las dos es anarquista; ninguna de las dos es obrera o revolucionaria. Ya hace años que este día se conoce por la ONU como “día de la mujer”, para suprimir de él el componente de lucha de clases.

Más allá del enfrentamiento entre Podemos y PSOE por introducir el “no a la guerra”, y la hipocresía de este último partido en decir que eso quitaría protagonismo a la agenda feminista. Por una parte, estuvo la marcha de la Comisión 8-M de Madrid, con el lema “derechos para todas, todos los días”, aludiendo a los derechos de las personas transexuales. A esta asistieron delegaciones de los principales partidos políticos, PSOE, Unidas Podemos, PP, Ciudadanos o Más País, junto a los sindicatos mayoritarios. Y por otro lado la del Movimiento Feminista de Madrid, bajo el lema “8 de marzo abolicionista” que se separa de la principal por estar en contra del proyecto de ley Trans, en contra de la consideración de la prostitución como trabajo, y contra los vientres de alquiler.

Que las dos marchas de Madrid son materialización de conflictos no resueltos en el ámbito de las ideas, es algo que las anarquistas tendrán que asumir si quieren convertirse en una fuerza social capaz de plantar cara al feminismo burgués y capitalista. No se podrá dar un paso en la práctica sin hacer una crítica radical de las tendencias que están paralizando y desarticulando el feminismo, justo ahora que estaba empezando a retomar impulso. Tendremos que reafirmar nuestras raíces teóricas, y alzar la voz para decir que no somos radfem ni somos queer, somos anarcofeministas. Se hace necesario un fuerte trabajo de construcción en cuanto a abolicionismo libertario, que se distinga claramente del abolicionismo de estado. Igualmente, es preciso crear un espacio propio al anarcotransfem, es decir, de inclusión de la mujer transexual en el feminismo anarquista, al margen de la línea sistémica postmoderna. El feminismo radical se ha mostrado incapaz de llevar a cabo esta integración y esto ha sido aprovechado por la tendencia queer, que ha sabido instrumentalizar al movimiento LGTBI y ha terminado haciendo cuña liberal en el movimiento hasta dividirlo y debilitarlo.

Los hombres que dentro del movimiento libertario español están viendo oportunidad de reafirmarse en sus privilegios patriarcales, a través de retrocesos como el concepto de “trabajo sexual”, se equivocan. Como es erróneo el empecinamiento de mirar para otro lado y menospreciar la lucha contra el machismo como secundaria o problema de mujeres. No es inteligente seguir desaprovechando la oportunidad de establecer un puente con nuestros entornos sociales a través de un movimiento tan masivo y que va ganando fuerza en la mentalidad social. El feminismo libertario es un medio privilegiado de expansión de las ideas ácratas, sin las cuales, no hay práctica anarquista. Hagámoslo fuerte. Dotémosle de una base ideológica propia y coherente con el espíritu libertario y la lucha revolucionaria renacerá, otra vez desde las mujeres, que en la historia de los movimientos sociales han sido siempre grandes iniciadoras, y esta vez, con la colaboración de nuevas generaciones de hombres a los que el feminismo abrió el camino hacia nuevas formas de masculinidad no patriarcal.

Grupo Moiras

KRAS-AIT ACERCA DE LA GUERRA EN UCRANIA

Ante la velocidad con que avanzan los acontecimientos de la guerra en Ucrania y lo fragmentario, confuso y sesgado de las informaciones que nos llegan por los diferentes medios informativos, el grupo Moiras decidió enviar esta semana unas preguntas a la sección rusa de la AIT, con el fin de obtener una perspectiva libertaria acerca del conflicto que nos ayude a posicionarnos y a tomar decisiones en base a un conocimiento ampliado.  En el texto que viene a continuación se recogen estas preguntas junto a las respuestas enviadas por KRAS, a quienes desde aquí agradecemos su rápida y clarificadora contestación.

Moiras: En vuestro comunicado a la AIT acerca de la guerra en Ucrania, apuntáis a los mercados del gas como motivo principal del conflicto. Querríamos que nos explicaseis más acerca de cuáles son los intereses capitalistas concretos tras esta guerra, tanto del lado ruso como del de los países pro-OTAN, y que nos contaseis acerca de la evolución reciente de la política de vuestra zona, en función de estos mercados y su influencia en la economía de los países occidentales. Estas informaciones suelen quedar en un segundo plano en la versión de los medios de comunicación aquí, muy centrados en la actualidad diaria, pero donde hay poco análisis.

KRAS: En primer lugar, es necesario comprender que existen diferentes niveles de conflicto y diferentes niveles de contradicciones intercapitalistas. A nivel regional, la guerra de hoy es solo una continuación de la lucha entre las castas gobernantes de los estados postsoviéticos por la redivisión del espacio postsoviético. Contrariamente al mito popular, la Unión Soviética se derrumbó no como resultado de los movimientos de liberación popular, sino como resultado de las acciones de una parte de la nomenklatura gobernante, que dividió territorios y zonas de influencia entre ellos, cuando los métodos habituales y establecidos de su dominio estaba en crisis. Desde esa división inicial, que se basó en el equilibrio de poder de entonces, se ha desarrollado una lucha constante por la redistribución de territorios y recursos, lo que lleva a guerras constantes en toda la región postsoviética. Al mismo tiempo, las clases dominantes de todos los estados postsoviéticos (todos ellos, en un grado u otro, provienen de la nomenklatura soviética o de sus sucesores) han adoptado el nacionalismo militante en la ideología, el neoliberalismo en la economía y métodos autoritarios de gestión en la política.

El segundo nivel de conflicto es la lucha por la hegemonía en el espacio postsoviético entre el Estado más fuerte de la región, Rusia, que se dice potencia regional y considera a todo el espacio postsoviético como una zona de sus intereses hegemónicos, y los estados del bloque occidental (aunque aquí, también, los intereses y aspiraciones de los Estados Unidos y los estados europeos individuales de la OTAN y la UE pueden no ser exactamente los mismos). Ambas partes buscan establecer su control económico y político sobre los países de la antigua Unión Soviética. De ahí el choque entre la expansión de la OTAN hacia el Este y el deseo de Rusia de asegurar estos países bajo su influencia.

El tercer nivel de contradicciones es de carácter económico-estratégico. No es coincidencia que la Rusia moderna se llame «un apéndice del gasoducto y el oleoducto». Rusia juega hoy en el mercado mundial, en primer lugar, el papel de proveedor de recursos energéticos, gas y petróleo. La clase dominante depredadora y completamente corrupta, puramente parasitaria en su esencia, no comenzó a invertir en la diversificación de la estructura económica, contentándose con las superganancias de los suministros de gas y petróleo. Mientras tanto, el capital y los estados occidentales están iniciando la transición hacia una nueva estructura energética, la llamada «energía verde», encaminada a reducir el consumo de gas y petróleo en el futuro. Para el capital ruso y su economía, esto significará el mismo colapso estratégico que la caída de los precios del petróleo provocó en su momento para la economía soviética. Por lo tanto, el Kremlin busca evitar este vuelco energético, o ralentizarlo, o al menos lograr condiciones más favorables para sí mismo en la redistribución del mercado energético. Por ejemplo, buscar contratos de suministro a largo plazo y mejores precios, apartar a los competidores, etc. Si es necesario, esto puede implicar una presión directa sobre Occidente de diversas formas.

Finalmente, el cuarto nivel (global) son las contradicciones entre las principales superpotencias capitalistas, los Estados Unidos en retirada y China en el avance, alrededor de los cuales se están formando bloques de aliados, vasallos y satélites. Ambos países se disputan hoy la hegemonía mundial. Para China, con su estrategia de “un cinturón, un camino”, la conquista gradual de las economías de Asia, África, América Latina y la penetración en Europa, Rusia es un importante socio menor. La respuesta de Estados Unidos y sus aliados en el Occidente es la expansión de la OTAN hacia el Este, acercándose a través de Ucrania y Georgia al Cercano y Medio Oriente y sus recursos. Este es también un tipo de proyecto de «cinturón». Encuentra la resistencia de los rivales imperialistas: China y Rusia, que dependen cada vez más de él.

Al mismo tiempo, no debe pasarse por alto el aspecto político interno. La crisis del Covid ha expuesto la profunda inestabilidad interna de la estructura política, económica y social de todos los países del mundo. Esto también se aplica a los estados de Occidente, Rusia, Ucrania, etc. El deterioro de las condiciones de vida, el crecimiento de los precios y la desigualdad social, la indignación masiva de la población con medidas y prohibiciones coercitivas y dictatoriales dieron lugar a un descontento generalizado en la sociedad. Y en tales situaciones, las clases dominantes siempre han recurrido a métodos probados para restaurar la notoria «unidad nacional» y la confianza de la población en el poder: creando la imagen de un enemigo y azuzando la histeria militar, hasta una «pequeña guerra victoriosa».

Moiras: En los países de la Unión Europea los medios de comunicación, haciendo eco de los gobiernos, nos repiten continuamente que Putin es el único responsable de esta guerra. Conociendo el historial de la OTAN, con Estados Unidos a la cabeza, pensamos que esto no es así. ¿Cómo explicar esto a nuestras poblaciones sin que parezca que estamos justificando el ataque ruso y que nos ponemos del lado del gobierno Putin?

KRAS: Desafortunadamente, la conciencia pública masiva tiende a buscar respuestas simples y crudas a las preguntas. No tenemos motivos para simpatizar con el dueño del Kremlin y su administración. Sus políticas neoliberales han llevado a un verdadero colapso de los sistemas de salud, educación, a la pobreza de los jubilados y trabajadores del sector público de la provincia. Los salarios en el país son monstruosamente bajos, el movimiento obrero está realmente paralizado… Pero, independientemente de esto, entendemos que todo esto es producto de cierto sistema basado en el Estado y el Capital. No vivimos en el siglo XVII, no en la era de las monarquías absolutistas. Considerar todo lo que sucede en el mundo como obra de unos pocos “héroes” o “antihéroes” individuales es cuando menos ingenuo, pero de hecho es una de las formas de la misma teoría de la conspiración. Esto fue perdonable en el siglo XIX por el romántico Carlyle o el escritor Alexandre Dumas. Pero en nuestro tiempo ya vale la pena entender que el mundo es mucho más complicado, y que el capitalismo, como sistema social, funciona de otra manera. Por lo tanto, nuestra tarea es explicar a las personas la condicionalidad sistémica de los problemas que sacuden al mundo de hoy. Incluyendo las guerras de este mundo. Y que la única forma de resolver estos problemas es destruir el sistema social que los crea.

Moiras: Se están reproduciendo los esquemas de la Guerra Fría, de forma que parece que si criticas un lado es porque estás con el otro. Esto a los anarquistas les resulta muy problemático, sobre todo cuando no tenemos fuerza social. Queremos actuar, pero tememos vernos arrastrados y utilizados por los ejércitos de los estados. En las manifestaciones que están teniendo lugar en nuestras ciudades se está mezclando la proclama de “no a la guerra” con las peticiones de intervención de la OTAN. El periodismo afecto al gobierno del partido socialista español, el PSOE, nos presenta la necesidad de intervenir, a veces trazando un paralelo histórico con la guerra civil española y las consecuencias de no intervención de los países europeos, o la participación de los exiliados españoles en Francia, muchos anarquistas, en el ejército francés en contra de los nazis. ¿Qué hacer? ¿Pacifismo y no intervención, como fue la postura mayoritaria del anarquismo frente a la I Guerra Mundial, o apoyar a la resistencia ucraniana contra la invasión de las tropas rusas? ¿Podría considerarse esta segunda opción como acción internacionalista contra el imperialismo?

KRAS: Desde nuestro punto de vista, no hay comparación con la situación de la guerra civil en España y no puede serlo. Los anarquistas españoles propugnaban una revolución social. Del mismo modo, no puede haber comparación entre, por ejemplo, el movimiento makhnovista en Ucrania y la defensa del Estado ucraniano moderno. Sí, Makhno luchó contra los invasores extranjeros, austro-alemanes, y contra los nacionalistas ucranianos, y contra los blancos y, al final, contra los rojos. Pero los partisanos makhnovistas lucharon no por la independencia política de Ucrania (que, de hecho, les era indiferente), sino en defensa de sus logros sociales revolucionarios: por la tierra campesina y la gestión obrera de la industria, por soviets libres. En la guerra actual, estamos hablando exclusivamente del enfrentamiento entre dos estados, dos grupos de capitalistas, dos nacionalismos. No corresponde a los anarquistas elegir el «mal menor» entre ellos. No queremos la victoria ni para uno ni para otro. Toda nuestra simpatía va para los trabajadores comunes y corrientes que mueren hoy bajo proyectiles, cohetes y bombas.

Al mismo tiempo, vale la pena recordar que la posición de la mayoría de los anarquistas en la Primera Guerra Mundial no es simplemente pacifista. Esto, como se afirma en el manifiesto contra la guerra de 1915, es un camino para convertir la guerra imperialista en una revolución social. Cualesquiera que sean las posibilidades de lograr esto en el momento presente, los anarquistas, en nuestra opinión, deberían formular y propagar constantemente tal perspectiva.

Moiras: Por otro lado, nos llegan por internet imágenes de grupos armados que se presentan como batallón anarquista en el ejército ucraniano, ¿sabéis si realmente son anarquistas y cuál es su manera de ver el conflicto? Y en cuanto a la dependencia de las armas occidentales para combatir el ataque ruso, ¿eso no condiciona demasiado la posibilidad de batallones libertarios en el ejército o de una guerrilla anarquista ucraniana independiente? ¿Sabéis qué ha quedado de la majnovichina, la revolución anarquista de hace un siglo, en la memoria del pueblo ucraniano? ¿Existe un movimiento anarquista en Ucrania hoy?

KRAS: En 2014, el movimiento anarquista ucraniano se dividió entre quienes apoyaron la protesta liberal-nacionalista en Maidan y luego ayudaron al nuevo gobierno contra los separatistas de Donbass y quienes intentaron adoptar una posición más internacionalista. Desafortunadamente, el segundo fue menos, pero lo fueron. Ahora la situación es similar, pero aún más aguda. A grandes rasgos, hay tres posiciones. Algunos grupos (como «Nihilista» y «Acción Revolucionaria» en Kiev) consideran lo que está sucediendo como una guerra contra el imperialismo ruso y la dictadura de Putin. Apoyan plenamente al estado nacionalista ucraniano y sus esfuerzos militares en esta guerra. La infame foto de los combatientes “anarquistas” en uniforme muestra exactamente a los representantes de esta tendencia: muestra específicamente a los fanáticos del club de fútbol “antifascista” Arsenal y a los participantes de la “Acción Revolucionaria”. Estos “antifascistas” ni siquiera se avergüenzan por el hecho de que formaciones armadas abiertamente profascistas, como Azov, se encuentran entre las tropas ucranianas.

La segunda posición está representada, por ejemplo, por el grupo “Estandarte Negro” de Kiev y Lvov. Antes de la guerra, fue una dura crítica del estado ucraniano, la clase dominante, sus políticas neoliberales y el nacionalismo. Con el estallido de la guerra, el grupo declaró que el capitalismo y los gobernantes de ambos lados tenían la culpa de la guerra, pero al mismo tiempo llamó a unirse a las fuerzas de las llamadas «autodefensas territoriales» – unidades militares voluntarias de infantería ligera, que se forman sobre una base territorial, sobre el terreno -.

La tercera posición es expresada por el grupo «Asamblea» en Kharkov. También condena a ambos lados del conflicto, aunque considera al estado del Kremlin como la fuerza más peligrosa y reaccionaria. No llama a unirse a formaciones armadas. Los activistas del grupo ahora están organizando la asistencia a la población civil y las víctimas de los bombardeos del ejército ruso.

La participación de anarquistas en esta guerra como parte de las formaciones armadas que operan en Ucrania, la consideramos una ruptura con la idea y causa del anarquismo. Estas formaciones no son independientes, están subordinadas al ejército ucraniano y llevan a cabo las tareas establecidas por las autoridades. En ellos no se plantean programas ni demandas sociales. Las esperanzas de llevar a cabo una agitación anarquista entre ellos son dudosas. No hay revolución social que deba ser defendida en Ucrania. En otras palabras, esas personas que se autodenominan anarquistas son simplemente enviadas a “defender la patria” y el Estado, haciendo el papel de carne de cañón del Capital y fortaleciendo los sentimientos nacionalistas y militaristas entre las masas.

Moiras: En nuestros pueblos las comunidades de trabajadores migrantes ucranianos, con la colaboración de organizaciones humanitarias y ayuntamientos, están organizando la recogida y envío a Ucrania de alimentos, ropa de abrigo, medicamentos…La población española es muy solidaria pero ni la guerra ni la pandemia del covid parecen haber servido a nuestras sociedades para cuestionarse las dependencias de recursos energéticos y materias primas, dependencias que sostienen el neocolonialismo y destrozan el equilibrio natural del planeta. Ante la escasez de recursos, se prevé una vuelta al carbón y un impulso a las nucleares. ¿Quizá la sociedad rusa es más consciente de los peligros y de la necesidad de alternativas? ¿Existe algún plan de acción en este sentido desde los movimientos sociales? ¿Qué se plantea la KRAS y la AIT acerca de esto?

KRAS: Desafortunadamente, el estado de los movimientos sociales en la Rusia moderna es deplorable. Es cierto que, incluso en los últimos años, ha habido varias protestas ambientales activas y persistentes a nivel local: contra los basureros, los incineradores de desechos o la destrucción ambiental por parte de la industria minera, incluida la minería del carbón. Pero nunca resultaron en un movimiento poderoso a nivel de país como un todo. En cuanto a la lucha contra la energía atómica y las plantas de energía nuclear, que alcanzó su punto máximo en la Unión Soviética y Rusia a fines de los años 80 y 90, prácticamente no hay tales levantamientos ahora.

Moiras: Las manifestaciones de rusos contra la guerra, ayudan a comprender a los pueblos europeos que no son los rusos los que atacan Ucrania, sino el ejército del estado que gobierna Rusia. Esto lo están reflejando los medios de comunicación en nuestros países, y sabemos que son miles de detenidos allí en Rusia a raíz de las demostraciones, ¿cómo está afectando esto al anarquismo ruso? ¿qué va a suponer para vuestra libertad de expresión y de acción en vuestro país?

KRAS: Las manifestaciones y otras acciones diversas contra la guerra no han cesado todos los días desde el primer día. Miles de personas participan en ellos. Las autoridades prohíben su celebración bajo el pretexto de «restricciones anticovid» y los dispersan brutalmente. En total, hasta el 8 de marzo, unas 11 mil personas fueron detenidas durante manifestaciones en más de 100 ciudades del país. La mayoría se enfrenta a multas de 10.000 a 20.000 rublos por realizar una protesta «no autorizada». Sin embargo, ya hay acusaciones más crueles: 28 personas ya fueron acusadas de vandalismo, extremismo, violencia contra los autoridades, etc., por lo que enfrentan penas de hasta muchos años de prisión. Las autoridades claramente están usando la guerra como una oportunidad para «apretar los tornillos» dentro del país. Los medios de comunicación críticos están cerrados o bloqueados. Se está librando una histérica campaña de guerra en los medios oficiales. Se ha aprobado una ley según la cual la difusión de «información falsa» sobre las actividades del ejército y el «descrédito del ejército», así como la resistencia a la policía, se castigan con hasta 15 años de prisión. Incluso se ha presentado un proyecto de ley al parlamento que permitiría enviar al frente a los opositores a la guerra arrestados. Las personas son despedidas de sus trabajos, los estudiantes son expulsados ​​​​de las universidades por discursos contra la guerra. Se introdujo la censura militar.

En esta situación, el pequeño y dividido movimiento anarquista en Rusia está haciendo lo que puede. Algunos participan en manifestaciones de protesta. Entonces, dos de nuestros compañeros también fueron detenidos y multados. Otros son críticos con estas manifestaciones, ya que los llamados a ellas a menudo provienen de la oposición liberal de derecha y, a menudo, no son tanto contra la guerra como pro-ucranianos (y, a veces, incluso pro-OTAN). Queda la posibilidad de ir a las manifestaciones con sus consignas y carteles (algunos anarquistas lo hacen), o de emprender pequeñas acciones independientes y descentralizadas. Los anarquistas escriben consignas contra la guerra en las paredes, pintan grafitis, pegan calcomanías y folletos, cuelgan pancartas contra la guerra. Es importante transmitir al pueblo nuestra posición especial e independiente, al mismo tiempo antibelicista, anticapitalista, antiautoritario e internacionalista.

 

LA MADEJA VIII

El título de este número, dedicado a la cuestión de la Maternidad,  es  «Menos mandato, y más oportunidad» . Publicamos en fecha cercana al 8 de marzo, Día internacional de la mujer trabajadora. Ya metidos en la segunda década del siglo XXI, todavía los derechos sexuales y reproductivos de la mujer son como una utopía desconocida, en cualquier país del mundo. Todavía nos queda tanto por luchar que nos parece mentira seguir viviendo en este atraso. Insistimos en la urgencia de reflexionar y poner en claro nuestras luchas para conseguir organización fuerte y revolucionaria con un ideal feminista libertario. Como en todos los números anteriores, facilitamos la tarea mediante textos breves y de síntesis de contenidos.

Enlace al número: La Madeja VIII

Un abrazo a todos los compañeros que dáis sentido a esta revista leyéndola

Grupo Moiras

CONTRA EL REVISIONISMO PORNOLABORALISTA DE LA MEMORIA LIBERTARIA

Hablábamos en nuestro libro “Por qué el anarcosindicalismo no puede sindicar la prostitución” de la ofensiva de revisionismo histórico del anarquismo por parte de los regulacionistas de la prostitución. Sabíamos que era cuestión de tiempo que apareciera un libro en defensa de una “revolución prostitucional de 1936”, pero no pudimos comentarlo en el nuestro, porque prácticamente son coincidentes en el tiempo de publicación, por lo que lo hacemos aquí y ahora sin más tardar.

Hace un par de años que el partido de Ada Colau, Barcelona en Comú, a través su programa de financiación de proyectos ciudadanos, La Filadora, pagó a un equipo de investigación embarcado en el proyecto de recopilar toda la información que fuera útil de cara a sostener la revisión de la historia a que aquí nos referimos. El resultado es “Putas, república y revolución” de Marta Venceslao y Mar Trallero, publicado en noviembre de 2021 por Virus Editorial.

La pretensión del libro es dotar de una memoria histórica al movimiento pornolaboralista, promovido como tapadera por el proxenetismo neoliberal de finales del siglo XX, originariamente en los Estados Unidos. Para eso tienen evidentemente, que crear un mito, tienen que agarrarse a lo que sea para sustentar la idea de que este movimiento es anterior a lo que realmente es.

Se sostienen infundios varios. Dice una de las autoras, en el programa de radio que la Linterna de Diógenes le dedicó a su libro, que Mujeres Libres fue una excepcionalidad dentro del movimiento anarquista español, en lo que a su defensa del abolicionismo se refiere. Afirma que la iniciativa de los liberatorios de prostitución fue “ridiculizada” por los compañeros del movimiento, que los anarquistas lo que defendían era la sindicación de la prostitución y que hicieron llamamiento a la misma. ¿En qué pruebas se basan para decir esto? En ninguna. Los medios de expresión del movimiento libertario ibérico de la época no dan señales de regulacionismo, no se aporta ni un solo documento probatorio de que existiera esta corriente de opinión, ni muchos menos de un movimiento antiabolicionista como el que hoy nos ataca. Todo lo que hay son documentos en contrario, y de lo que más precisamente es de los liberatorios, que si fueron una iniciativa tan ridiculizada por los compañeros de la CNT ¿dónde lo fueron? ¿en qué medio de expresión, o en qué acta, o acuerdo de pleno o congreso, quedó reflejado el rechazo a los liberatorios? Si fueron tan ridiculizados, no se entiende que se llevaran a cabo desde el Ministerio de Sanidad y Asistencia social de Federica Monstseny, y desde la Dirección General de Sanidad y Asistencia social del gobierno de la Generalitat, a cargo de Félix Martí Ibañez.  Y aun imaginando que fuese así y hubiera compañeros que se burlaran, ¿cuáles son nuestros referentes de liberación de la mujer en el movimiento libertario? ¿Mujeres Libres, o los que se resistieron a su reconocimiento como cuarta rama del movimiento libertario? ¿Mujeres Libres, o unos compañeros que crearon una fábrica de bodas, o que cuando ellas hablaban en los mítines les decían que se fueran a casa? Los liberatorios no solamente formaban parte de una cultura abolicionista como es la libertaria, sino que fueron asumidos a nivel de organizaciones. El libro que aquí comentamos da más valor a las opiniones de ciertos individuos en contra de los principios anarquistas, que a la línea asumida por las propias organizaciones del ML en concordancia con estos principios.

En cambio, las autoras van a dar valor de hecho generalizado al “sindicato del amor” del que Eduardo Barriobero en sus memorias dice haber levantado acta para “seguirles la broma” a las prostitutas que se lo pidieron. ¿Tenemos que seguirles nosotros la broma también? ¿Convertimos esta broma en una corriente o sector dentro del anarquismo, o en un “empeño de la CNT por la sindicación de la prostitución” en la línea de lo afirmado por Martha Ackelsberg en su trabajo sobre Mujeres Libres, sin que exista la más mínima documentación que lo pruebe? A qué central sindical perteneció ese supuesto sindicato, eso parece que tampoco ha importado indagarlo.

En otra pretensión muy llamativa, las autoras defienden la existencia de burdeles colectivizados por los anarquistas durante la revolución, pero dando por hecho que después esos espacios se utilizaban para seguir con el mismo negocio. De nuevo, sin una sola prueba de lo que afirman. Y suponiendo que hubiera contradicciones en la práctica, y que en algún caso esto llegara a hacerse, ¿por qué se exaltan las contradicciones en contra de los principios del anarquismo? ¿por qué no se respeta el hecho de que el sentir general de la organización sindical como el de todo el movimiento libertario ibérico, era abolicionista, y que esto era por coherencia con su ideología y no por ningún desfase evolutivo? De hecho, los abolicionistas libertarios seguimos aquí, lo mismo que la CNT, la FAI y Mujeres Libres, que aún a día de hoy, no han declarado en ningún congreso que sean regulacionistas de la prostitución, pero en cambio sí asumen el dictamen de comunismo libertario del congreso de Zaragoza que se adhiere al ideal de amor libre, y que es contrario a toda cosificación y mercantilización del sexo y del cuerpo de la mujer. Desde 1936 hasta hoy, ha habido tiempo de formalizar esos “empeños” si realmente hubieran sido eso, y no meras elucubraciones revisionistas.

Se comprueba además cómo con tal de conseguir dar crédito al regulacionismo, las autoras no han tenido problema en recurrir a los pormenores de la leyenda negra del anarquismo durante la revolución: que si Durruti fusilaba prostitutas en el frente de Aragón, que si los anarquistas entraban a los burdeles barceloneses a matar proxenetas, puteros y personas de la “vagancia”…Todo esto sin prueba documental y dando crédito únicamente a los testimonios inculpatorios, que suelen levantarse por enemigos declarados del anarquismo. Se sirven de este tipo de testimonios, para sostener una imagen de “luces y sombras” de la revolución en la que el abolicionismo anarquista pueda encajar como parte de las “sombras”. De esta manera el regulacionismo podría seguir usando la imagen del movimiento y sentirse incluso como parte del mismo, obviando las contradicciones: ni más ni menos que se pretende que haya unas mujeres libres regulacionistas, cuando lo que históricamente ellas establecieron como objetivo primordial fue que la abolición es la primera tarea de la revolución, y esto en plena coherencia con la ideología, que lo que defiende es el amor libre y no el mercadeo sexual.

En esto se resume el trabajo de “polillas” que dicen ellas haber llevado a cabo en este libro. Conociendo lo que hace la polilla en un archivo, no nos extraña nada que lo califiquen así, porque más que a la recuperación se ha dedicado a la destrucción de la memoria. Se trata de una obra que no consigue pasar de las deformaciones y los gazapos del lamentable artículo de Rodrigo Vescovi que ya comentamos en nuestro libro como referencia. O bien al investigar los archivos no han encontrado nada, y ellas mismas se refieren varias veces en el libro a la falta de documentación en que basar la teoría de la “revolución pornolibertaria”, lo que es de sentido común que ocurriera  -¿qué esperabas, Ada Colau?-; o han recurrido directamente al artículo de Vescovi. En cualquier caso, es un libro fallido puesto que no consigue sostener con rigor histórico ni la posibilidad de una memoria del movimiento por el “trabajo sexual”, ni la existencia de una corriente regulacionista en la revolución anarquista española de 1936.

Conviene que pasemos ahora a cuestionar las ideas que se están promoviendo con este texto y en sus presentaciones públicas, y que simplemente se dan por hecho por parte de los incondicionales del discurso del trabajo sexual que lo están patrocinando.

Se contrapone abolicionismo/prohibicionismo, a regulacionismo/enfoque pro-derechos. Esto es una falacia. La prostitución no es un derecho, por lo que la sindicación de la misma tampoco lo es. El abolicionismo no está negando el derecho a organizarse o sindicarse a un colectivo marginado, solo rechaza el movimiento y las organizaciones que sostienen el alineamiento de intereses con los explotadores (prostituidores y proxenetas). Organización y sindicación, sí, pero contra ellos, lo que solo puede ser como desempleadas que luchan por un trabajo de verdad. Y en cuanto al prohibicionismo o el punitivismo, son términos que como mucho se pueden aplicar a un abolicionismo de estado, del cual hay que separar al abolicionismo libertario dado que no son coincidentes y pretender meterlo en el mismo saco que aquél es nuevamente, negarle su idiosincrasia y su historia.

Cuando los regulacionistas, como las autoras en este caso, usan términos como “embestida abolicionista”, transmiten la idea de ataque hacia las mujeres en prostitución. Se ignora a todas las que no han querido ponerse bajo el paraguas rojo, y sobre todo a las están luchando por la abolición como “supervivientes”, de manera que cualquier crítica hacia la prostitución, o hacia los proxenetas y los puteros, o crítica hacia las que dan la cara por ellos, sean considerados como violencia contra los “trabajadores sexuales”. Pero las autodenominadas “trabajadoras sexuales” no son todas las mujeres en prostitución. La historia de las prostitutas que se sumaron a insurrecciones populares no es la historia del movimiento por el “trabajo sexual”. Y puesto que los colectivos de este movimiento defienden a los explotadores, no pueden pretender sustraerse a la crítica, que no va contra las prostitutas, sino contra los que las prostituyen.

Se dice del abolicionismo, aquí en concreto el de Mujeres Libres, que es paternalista. Se está poniendo de moda el decir que las mujeres no necesitan estar protegidas por las normas sociales, que eso es victimizarlas, y que reconocer a alguien su condición de víctima y tratar de ayudarle es paternalismo. Esto puede pasar con toda la violencia de género. Se barre de la escena pública a todas las que se reconocen como víctimas, y se organiza a grupos de maltratadas que digan aceptar voluntariamente ese trato, y así es como todas las mujeres nos quedamos sin protección colectiva frente a la violencia de género. ¿En qué momento la mujer que aguanta los golpes y defiende a su maltratador “voluntariamente” ha dejado de ser víctima?

Otra idea tomada del neoliberalismo y exaltada por las vacas sagradas del postmodernismo, es la de que la igualdad esencial de los seres humanos destruye la diversidad. La marginalidad se convierte en un valor en sí mismo. En la óptica del falso movimiento de liberación, que usa la perversión del lenguaje de los movimientos revolucionarios para legitimarse, el derecho del lumpen es seguir siendo lumpen, el derecho de la prostituta es seguir siendo prostituta, y por supuesto, el del proletario, será el de seguir siendo proletario. Toda aspiración a la justicia se descartaría por autoritaria, paternalista, o fascista. Al movimiento obrero se le intenta sustituir por una miríada de movimientos por la diversidad para que asumamos la jerarquía como si fuera parte de un derecho a la diferencia. Tal es así que se cae otra vez aquí, en un tópico que imposibilita a estas mujeres salir de la actividad, esto es, el de afirmar que como la prostitución es una actividad dignísima, los intentos de ofrecer alternativa laboral, cual fueron los liberatorios de prostitución, son una ofensa al honor de las “trabajadoras sexuales”, y una pretensión paternalista sobre ellas. Aparte de que no se paran a analizar en qué medida el discurso de las que se venden como “scorts de lujo”, pasando por ser la Voz de las prostituidas, está dañando a las que están ahí forzadas y amenazadas por las mafias de la trata. Fomentar la demanda de esta actividad, es seguir alimentando la captación de niñas y mujeres de los estratos bajos de la sociedad y el tráfico de mujeres desde países empobrecidos. ¿Esto no es clasismo?

A esto se añade, que lo único que se tiene en cuenta es la opinión de esos grupos de presión alineados con el negocio prostitucional, que se autoerigen en Voz de todo el colectivo, como si no importara ya el carácter de la actividad cuya abolición es el objetivo real del abolicionismo.  Si se trata de una actividad cuya conservación es de especial interés para la humanidad, del que rastreamos el pasado como si fuera parte de un patrimonio institucional de incalculable valor para la vida de las personas, para el que forjamos un pasado mítico de lucha (lucha por la defensa del trabajo sexual) y por el que merece la pena seguir luchando para asegurarnos que en un futuro no desaparezca, sería preciso que los regulacionistas nos aportaran algún dato o alguna investigación probatoria de los especiales beneficios que la prostitución ha traído a las mujeres a lo largo de la historia, en lo referente a su salud y su bienestar, crecimiento personal, desarrollo profesional, o en los avances que ha supuesto en lo referente a la emancipación de la mujer. Porque a día de hoy, que sepamos, todo lo que hemos logrado las mujeres se lo debemos al feminismo, y no a otra cosa. Antes bien, lo que tenemos son muchas evidencias y muchas investigaciones que demuestran lo contrario sobre esta actividad. Para convencernos de que el abolicionismo es algo malo para las mujeres, primero tendrán que demostrarnos que la prostitución es algo bueno, y eso lo tienen muy crudo.

A pesar de eso, la facilidad con el discurso del TS puede llegar a las personas más jóvenes y los más vulnerables es extraordinaria, porque la propia simplicidad del mensaje y la banalización del sexo como objeto de consumo viene inscrita ya en la cultura capitalista que nos invade por todos lados. El discurso del TS cuenta con el apoyo de una moral que ya está normalizada. No en vano las autoras equiparan a la prostituta con la mujer promiscua. De la prostituta dicen que es la mujer que hace con su cuerpo lo que le da la gana, cuando todos sabemos que es la que pone su cuerpo al servicio de los deseos del hombre que la consume. Defender la prostitución como subversiva o empoderante, va más allá de cualquier forma de regulacionismo anterior al de los paraguas rojos, porque es incitación a la prostitución.

Las autoras, que son antropólogas, en ningún momento hacen referencia al origen de esta institución, oscureciendo la violencia inherente a la prostitución, que es la del privilegio sexual del hombre de disponer del cuerpo de la mujer cuando le venga en gana, sosteniendo una clase de mujeres cuya función será la de satisfacer este privilegio a cambio de manutención o dinero.

Con los privilegios convertidos en derechos, ¿qué defensa ante la violencia sexual dejamos a la infancia y la juventud?, ¿qué defensa les dejamos cuando estamos normalizando las relaciones sexuales no deseadas, y priorizamos el deseo del varón que, por el dinero, la persuasión o la fuerza, pueden someterles a sus deseos de dominación?

Hay que pedirle cuentas a esta moral que todo lo cosifica y todo lo mercantiliza, hay que preguntarles a los regulacionistas por este relativismo moral que no pone límites entre lo que es trabajo y lo que es la vida íntima y sexual de la persona. A la hora de enseñar a los jóvenes que la necesidad personal no se llena solo con dinero, que por eso importa la manera en que este se consigue, y que por ese motivo hay que priorizar como medio el trabajo, en lugar de recurrir a la violencia contra otros o contra uno mismo, ¿cómo vamos a hacer esto si les contamos que la prostitución es trabajo, o que todos los medios de supervivencia están al mismo nivel moral y son igualmente buenos? El discurso del TS pone énfasis en el reforzante inmediato de esa conducta, el dinero, pero quedan veladas las consecuencias problemáticas que acarrea esa acción en el plazo posterior. Eso es un ocultamiento irresponsable de cara a la educación de los jóvenes, y sobre todo las jóvenes, a las que se está lanzando a conductas como el prostituirse o hacer pornografía para pagarse los estudios o los gastos personales. Esto es lo que hace de libros como este, manuales acelerados de deseducación sexoafectiva. El trabajo de más de un siglo de pedagogía humanista, feminista y libertaria, es lo único que subvierten.

Por último, el discurso del TS está en plena concordancia con el mensaje desmoralizante y de crudo capitalismo que se está llevando a la clase trabajadora azotada por la crisis económica de principios de este siglo. Si además de querer mentalizarnos de que la precariedad y el subempleo en ocupaciones que no se corresponden con el nivel formativo, son el precio a pagar por conseguir un trabajo, ahora se nos quiere hacer tragar con la idea de que la prostitución es un trabajo tan bueno como otro cualquiera, es porque ya se está sobrepasando una línea roja que el movimiento obrero jamás cruzó. Los defensores del regulacionismo se desentienden de las consecuencias sociales de un discurso que sin duda muchos de ellos, no van a tener que sufrir. Pero las mujeres que quedan abajo en la estructura sociolaboral, incluyendo las que están siendo utilizadas por este discurso, son las que van a tener que enfrentarse a las peores situaciones.

No hemos podido quedarnos impasibles ante tanta injusticia

Por la verdad, y por la abolición siempre

Grupo Moiras

 

 

 

 

 

MADEJA VII

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POR EL FIN DE TODAS LAS GUERRAS

GRUPO MOIRAS

Madeja VII

CONTRA LOS MITOS ARTÍSTICOS DEL PATRIARCADO MODERNO

En 1971 la historiadora del arte feminista Linda Nochlin escribió “¿Por qué no ha habido grandes artistas mujeres?” 50 años después de este artículo, que supuso el comienzo de la recuperación de la memoria y la historia de las mujeres artistas, la pregunta se sigue planteando en la actualidad, y para las feministas sigue siendo inevitable el señalar lo erróneo de su formulación.

Nochlin, en este famoso artículo expresa su convencimiento de que no ha habido en la historia un equivalente femenino de los grandes artistas, de que no hay un Leonardo o un Rembrandt mujer. Esto recuerda mucho la propuesta de Virginia Wolf en el ensayo “Una habitación propia”, cuando espera el advenimiento de la nueva artista, que sería según ella aquella capaz de igualar a Shakespeare en literatura. Ella misma con este ensayo y otras obras, legándonos una producción única, cuyo valor es incomparable, nos demostraba la falacia de esa suposición. Ningún Shakespeare hubiera podido crear un Orlando. Ni la novela tuvo su límite de desarrollo en el siglo XVI, ni es nada probable que un hombre hubiera podido idear este ser inaudito, capaz de perdurar en los siglos mutando de sexo. Y aun habiendo acuerdo en que las artistas se incluyeron dentro de los estilos propios de su época, y que a grandes rasgos su estilo no se distingue del de los artistas hombres, el análisis profundo de sus obras muestra diferencias que conllevan una ruptura con los esquemas patriarcales. Lógicamente, en la obra de una mujer artista, las de su sexo no van a ser representadas ya como objeto, sino más como sujeto. Esta característica, que también puede darse en la obra de artistas varones, va a aparecer de manera más patente en la obra de las mujeres artistas. Y si se distingue la perspectiva de quien sufre la desigualdad de género, sobre todo cuando sabemos que la obra la ha hecho una mujer, es porque no puede apreciarse ninguna obra de arte sin información acerca de ella.

La obra de Artemisia Gentileschi (1593-1653), reconocida en su tiempo como gran artista, aunque luego se la marginara de la historia del arte, entra dentro de la categoría de lo que Nochlin suponía imposible para una mujer por las condiciones sociales en que se desenvuelve su vida. Efectivamente, si no fue una gran artista, no se entiende por qué desde un principio se trata de atribuir algunos de sus cuadros a hombres. Y si esos hombres a los que se han atribuido obras de ella, son reconocidos como grandes artistas como es el caso de José de Rivera, es incomprensible por qué no ha de recibir ella el mismo tratamiento.

La pregunta en lugar de por qué no hay grandes mujeres artistas, que las hay, tendría que ser, por qué no ha habido más mujeres artistas. Y aquí es donde la excepción viene a confirmar la regla, y se hacen sentir las condiciones objetivas, sociales, que han impedido a la mayoría de mujeres emanciparse de su papel de objeto del arte, musa de los artistas hombres. La historia del arte analiza las biografías de las primeras artistas reconocidas, como Artemisia, y halla una serie de requerimientos muy difíciles de alcanzar para el común de las mujeres de su tiempo. El mito del genio hecho a sí mismo, desde la nada, como dice Nochlin, aquí se desvanece. Aunque tanto hay que reconocer el peso de la educación y los apoyos sociales, como la lucha personal del artista frente a las dificultades que siempre están ahí para él, máxime si es mujer. Hay que evitar los sesgos de tipo materialista vulgar, que niegan la agencia individual, o centran todo en lo estrictamente económico sin atender el influjo cultural, de las ideas y las mentalidades.

Un enfoque libertario de esta cuestión pasa por una crítica radical a las fuerzas, estructuras e instituciones sociales, que han estado coartando la libertad creativa, de los artistas y del común del género humano. En el plano de lo más sutil del sometimiento, las ideas, han sido los mitos acerca del artista los que han sustentado el cierre social del arte.

En este sentido, Artemisia Gentileschi viene a ser el prototipo de artista moderno hecho mujer. El padre, Orazio Gentileschi, hizo lo que casi ningún padre en la época. La forma como pintora en su taller, y muy pronto la hace destacar como niña prodigio, con el objetivo de procurarle el éxito y el estatus social que él no llegó a alcanzar. Se trata de una proyección de ascenso social desde un estrato medio, burgués, a otro superior, el de la nobleza. En las cortes europeas, los nobles van a ser mecenas de los artistas de origen social inferior, que elevan su posición a cambio de otorgar un brillo intelectual a los gobernantes impuestos por la fuerza bruta. Para ello, todo lo que fuera “no visto”, raro o excepcional, venía a realzar el valor de la persona que intenta ascender. El ser mujer no es, desde esta perspectiva, una categoría social, sino una cualidad de realce individual.

Había acabado el tiempo del anonimato, propio del arte medieval. La movilidad social del individuo es mayor, la cultura se seculariza, y el sujeto busca su sentido dentro de esa inmensidad que es el cosmos. Ha adquirido una nueva dignidad, incluso una mayor entidad, en la era de la imprenta y la lectura individual, analítica, científica. El Humanismo coloca al ser humano en el centro de todo. Entramos en una fase de adolescencia, de ensimismamiento del humano consigo mismo. Y fue la élite social intelectual, científicos, filósofos, artistas…quienes más sintieron el renacimiento de la diferencia individual, pues fue en ellos, y no en los poderosos que los promocionaron, donde creció esa aportación diferenciada y personal del individuo hacia la colectividad. Por eso los reyes, generales, condottieri, papas, cardenales, etc…que meramente buscaban perpetuarse por la fama, recurrieron a ellos. Surgió así una relación parásita, a partir del mecenazgo de las artes y las ciencias por parte de la aristocracia, los banqueros y nuevos ricos, de la que costó mucho emanciparse a los artistas e intelectuales. No solamente en el sentido económico, sino todavía más fuertemente, si cabe, en el propio autoconcepto del artista.

Que hoy nos sigamos preguntando por “grandes artistas mujeres”, denota cómo seguimos presos de un concepto de “grandeza” clasista, supremacista, y patriarcal. Grandes creadores o generadores, grandes innovadores, siempre los hubo. Se les puede llamar genios, pero no es científico el suponer que son más valiosos que los que les precedieron o les siguieron en el camino. De hecho, cuanto más nos acercamos al conocimiento de aquellos, más notable es la aportación suya que distinguimos en la obra del llamado “genio”. Rememorando el famoso dicho del neoplatónico Bernardo de Chartres y adaptándolo a lo que aquí se quiere decir, si vemos más, no es solo por la agudeza de nuestra vista ni por la altura de nuestro cuerpo, sino porque somos enanos a hombros de un gigante, y a esto habría que añadir, un gigante compuesto de otros muchos seres pequeños.

Es hora de revisar ese culto a los genios, y reivindicar la integridad de la persona. Es cierto que la mujer debe tener oportunidad de desarrollar sus capacidades naturales al más alto nivel.  Como el hombre, por supuesto, poder optar al máximo grado de especialización, pero no de una manera competitiva o elitista, dejando al margen a una gran mayoría de personas que van a trabajar en empleos descualificados, en condiciones brutales, solo por sostener a los que se supone que han nacido con un “don”. Tampoco sometidas al estrés de la comparación. Una vez las personas sean más libres de crear sin presiones sociales, será más fácil llegar al punto de lo que no admite comparaciones. Ante todo, la mujer, como cada ser humano, tiene que tener derecho a cultivar libremente su vocación y ser feliz con ello, porque la naturaleza nos ha hecho diferentes y todos tenemos un valor y una capacidad de aportación.  Si llegamos a ser útiles para la sociedad, perfecto, si nuestro nombre pasa a la historia, será un honor. Pero si no pasa, realmente no es tan importante. Solo lo es en la medida en que sirva para recordar a los otros, a todos los genios tras el genio.

El nombre de Artemisia Gentileschi no tenemos que olvidarlo, porque representa a las mujeres artistas, –si grandes o pequeñas, eso es relativo a quien necesite juzgarlo de esa manera–, y también a todas las mujeres.  Y nos interesa discernir lo que hace única su obra, que es también lo que la hace más universal. El vínculo con las estructuras de poder de las que depende para crear, no va a poder perderlo nunca. Sin embargo, hay un momento de su biografía en que el plan paterno se trunca y Artemisia cae en desgracia. El pintor que Orazio introduce en el taller para instruirle la somete a una serie de violaciones que ella va soportando bajo promesa de matrimonio, hasta que comprueba el engaño. Si esta mujer fue capaz de reconvertir el destrozo causado en su mente por la violación, y por un proceso inquisitorial humillante y doloroso, fue por su propia pasión por la pintura, que ahora se sentía traicionada en las expectativas creadas. Más que nunca tiene que sentir la rabia de la injusticia, las dificultades para ser artista mujer.

En su obra va a estar la cosmovisión barroca, la influencia de la cultura de su tiempo, y a la vez, un fuerte componente antipatriarcal, muy presente en el recurso a figuras en las que todas las mujeres pueden verse reflejadas: Susana, Judith, Betsabé…  Y cuando en 1616, gracias al voto de Galileo –también una persona excepcional que tendrá que enfrentarse a la Inquisición–, se convierte en la primera mujer miembro de la Academia del Disegno de Florencia, no es solamente el deseo de superación individual lo que la mueve, sino que es muy consciente de que está abriendo el camino para las que vienen detrás. Toda su obra está pensada para demostrar la gran falacia tras la desigualdad de género en el arte, la que afirma que solo los hombres están naturalmente dotados para la creación intelectual y artística. ¿Lograremos superar el prejuicio también en cuanto a las clases sociales?, ¿llegaremos a tener algún día una sociedad capaz de integrar funciones básicas y especializadas, de abandonar el modelo de un solo cerebro individual para millones de brazos? Depende entre otras cosas, de lo social y libertario que sea el feminismo que defendemos.

 

 

Atropos

LOS DESASTRES DE LA GUERRA (CONTRA LAS MUJERES)

La artista Suzann Blac levanta con su obra un testimonio estremecedor sobre la violencia sexual.

He matado putas antes, 2002

Uno de los secretos mejor guardados del Patriarcado se desarrolla en la alcoba. Es el
secreto de la violencia sexual, cuyas increíbles dimensiones están empezando a
imponerse en la conciencia colectiva, porque ellas ya no callan más y ya no pueden
ser silenciadas. Es un fantasma que recorre el planeta y señala al elefante blanco con
el que llevamos siglos conviviendo sin atrevernos a mirarlo: la construcción violenta de
la sexualidad masculina y el ejercicio del sexo como un arma para someter. Las voces
aisladas que expresaron el testimonio femenino ante la violencia sexual se alzan en la Historia del Arte con brillantes llamaradas como la Judith de Artemisia Gentilleschi, pero ha tenido que ser el feminismo el que comenzara a reconstruir las piezas rotas de la voz de las mujeres, en un auténtico trabajo de arqueología histórica.

No hace mucho un conocido mío viajó a un país del Sudeste asiático que ingresa la mayor parte de sus divisas gracias al llamado “turismo sexual”. En ese país los hombres tienen permiso para violar a niñas y niños, encubriendo el crimen (y
lavándolo, tanto legal como simbólicamente) con dólares y euros. Ese conocido (un
militante de izquierdas) me comentó de pasada que las relaciones sexuales de
hombres blancos con niñas asiáticas eran allí comunes, “lo hace todo el mundo”, como
si se tratara de una particularidad exótica del país, como la comida picante. Aquellas
niñas de ojos almendrados eran para él un enigma. Eran extranjeras en la conciencia
de mi amigo (quedaban fuera de la naturaleza humana), así que no pasaba nada, allí
“era normal” someterlas a la violencia sexual de centenares de extraños a lo largo de
su vida. Este amigo, con su comentario superficial, no parecía capaz de reconocer los
efectos de esa experiencia violenta sobre aquellas muchachas y niñas. ¿Por qué le
resultaba ese daño invisible o irrelevante? ¿Era el racismo lo que le impedía
reconocerse a sí mismo en la naturaleza humana de aquellas niñas torturadas por los
genitales de oleadas de hombres llegados de otra parte del mundo? ¿Sería capaz de
percibir el horror de esa violencia si fueran nuestras niñas españolas las que fueran
sometidas a ese trato, a la vista del todo el mundo, en las calles de Madrid o
Barcelona? Probablemente su percepción respondiera a una mezcla de dos espesos
prejuicios culturales, el racista y el machista, ya que la mente patriarcal ha quitado
siempre importancia a los efectos de la violencia sexual, proyectando la culpa y la
vergüenza sobre las víctimas o haciéndolas cómplices y auténticas promotoras de esta violencia

Contra este terrorismo sexual se alza la voz de Blac, que sufrió desde su infancia esta
sexualidad devastadora. “Como víctima de abusos y como superviviente que nunca
tuvo voz, mi arte es guerra. Una guerra para combatir el terrorismo sexual. Quiero que
mi arte y activismo difundan las conciencia sobre el abuso y la explotación sexual
infantil, exponer la fea y violenta verdad sobre la industria del porno y la prostitución”,
dice la propia artista, nacida en Birmingham en 1960, en un entorno de violencia y
pobreza que se refleja en obras impactantes como “El novio de mamá”.

Cuando te repitan el mantra que siempre ha justificado la violencia machista, “no es
para tanto”, ahí está Suzann Blac para dar al mundo un estremecedor testimonio de
los desastres de la guerra contra las mujeres, al modo de Francisco de Goya con las
atrocidades de la ocupación de España por las tropas de Napoleón, con unas gotas de
ácida mirada de Banksy. Las mujeres ya no callan más y lo que tienen que decir debería iniciar una revolución de los cuerpos.

Conocí la obra de Blac gracias a un brillante artículo de Rae Story, traducido por el colectivo Traductoras por la Abolición de la Prostitución. Fue como si me lanzara una granda de mano. Soy superviviente de la obra de Blac.

Laquesis